En la presentación del libro Comunicación política en América Latina me encontré con mi gran amiga Julia Poiré (@mjpoire) y me remendó el Manual de escritura para científicos sociales de Howard Becker.
Salí corriendo a comprarlo. Estoy en plena lectura, mientras muchos de mis estudiantes (sobre todo en USAL) están trabajando sobre el tema de tesis. Quería compartir con todos algunas citas. Ahí vamos:
La mayoría de los escritores, incluso profesionales, tienen problemas para empezar. Comienzan una y otra vez, destruyen resmas de papel, trabajan sobre la primera oración o el primer párrafo incansablemente, dado que cada nuevo intento les resulta insatisfactorio por distintas razones. (p.73)
Elegir el tema:
Les pido que escriban, en una o dos oraciones, cien ideas de tesis diferentes. Son pocos los que superan las veinte o veinticinco sin darse cuenta de que sólo tiene dos o tres ideas, que casi siempre son variaciones de un tema común. (p. 79)
Amar el borrador:
La escritura de un borrador no pensado, no planteado, demuestra algo más. No podemos afrontar el torbellino de pensamientos que se agolpan en nuestra cabeza cuando, sentados frente al teclado, intentamos decidir por dónde comenzar. Nadie puede. (p. 79)
Pensar físico:
Es necesario otorgar un cuerpo físico a los pensamientos, bajarlos al papel. Un pensamiento escrito (y no arrojado de inmediato al cesto de basura) es obstinado, no cambia de forma, no puede compararse con los otros pensamientos que vienen detrás. (p.80)
Pegá el culo en el asiento y ESCRIBÍ:
Una vez que hayamos comprendido que escribir una oración no nos hará daño, una vez que sepamos porque lo hemos intentando, podremos hacer lo que habitualmente les pido a mis estudiantes que intenten: escribir lo que se les venga a la cabeza, a la máxima velocidad que alcancen sus dedos sobre el teclado, sin remitirse a bosquejos, notas, datos, libros o cualquier otra ayuda. El objetivo es descubrir qué nos gustaría decir, qué nos ha llevado a pensar todo nuestro trabajo anterior sobre el tema o el proyecto. (…) Si obedecemos las directivas y escribimos lo que nos viene a la cabeza, descubriremos que no tenemos la abrumadora variedad de opciones que teníamos tener. Veremos, una vez que hayamos trasladado nuestras ideas al papel, que en su mayoría son ligeras variaciones de unos pocos temas. Sabemos lo que queremos decir y, cuando tengamos diferentes versiones delante de los ojos, comprobaremos sin dificultad lo triviales que son las diferencias. O, si existen diferencias reales (aunque rara vez existen), sabremos a ciencia cierta cuáles son nuestras opciones. (p.78).
Conclusión: Escribí. Escribí y escribí. Luego releé y corregí.
Bonus track: la introducción del libro.