El último libro de Damián Fernández Pedemonte es perfecto. Así de simple. Conmoción pública. Los casos mediáticos y sus públicos es una “teoría del caso mediático conmocionante” (p. 8).
los medios informativos difunden noticias que los lectores, sin saber bien por qué, intuimos que son cualitativamente distintas. Se trata de relatos de acontecimientos que, si bien responden a criterios de noticiabilidad y ajustan a las secciones temáticas de los medios, implican, en varios sentidos, rupturas de las rutinas.
(…)
Existen determinados casos periodísticas particularmente estremecedores, ya sea por la envergadura de los acontecimientos que narran o por la permanencia en la agenda pública y el grado de debate que desencadenan fruto este último de una decisión de los periodistas, hasta cierto punto aleatoria, al menos si se compraran tales casos conmocionantes con acontecimientos similares que pasan prácticamente inadvertidos” (p. 21)
Decía que el texto es perfecto porque es sólido desde la teoría y detallista desde lo empírico. La redacción es amena, y el epílogo es magistral:
Para recrear la vida pública, el periodismo tiene que concebirse en el modelo de la conversación. Los periodistas son parte de la conversación cultural. El periodismo no puede contar la verdad, lo que puede hacer es presidir la conversación pública. (p. 158).
Todos los que están vinculados a la comunicación deberían leer Conmoción pública. Todos. Todos: relacionistas públicos, periodistas, estudiantes de comunicación, periodismo y otras yerbas comunicativas. Es una clase de DFP en letra de molde.
Ah, cómo extraño sus clases.


Facebook
LinkedIn
SlideShare
Twitter