Category Ciudad

Diarios de un consumidor

Julián Gorodischer publicó su Orden de Compra. Es un libro divertido, angustiante, descriptivo y profundamente crítico. Dense una vuelta, parte de nuestra vida como consumidores está en narrada en esas 170 páginas.

Con atención flotante, apegado a las marcas que dominan -las voces más estridentes de cada ramo-, propuse diálogos de uno a uno con la corporación a la que le entregué mi tutela, en algunos casos, full time; me dejé aturdir por las arengas, los gritos, los susurros y las insinuaciones.
Me di como ofrenda al mundo corporativo para devenir en el texto que expresa la crisis de mi condición de individuo… (p.11)

La revista Rolling Stone te adelante un capítulo

Miami

Miami. Turistas, colonos y aventureros en la última frontera de América Latina, es el segundo libro de Hernán Iglesias Illa. Es una excelente crónica. Un divertido libro de viajes. Un ensayo. Una pintura de diversos personajes: González, Alma, Bayly y otros…

Viajé a Miami media docena de veces entre fines de 2008 y mediados de 2009. Mis visitas coincidieron con el estallido de la crisis financiera y el congelamiento de la economía de Estados Unidos. No parecía el momento ideal para escribir sobre la ciudad: temí que aquella electricidad y aquella vitalidad que me habían fascinado unos antes no hubiera sido más que efectos secundarios de la pastilla inmobiliaria con la que Miami se había intoxicado. (…) Me econtré, por suerte, con que el ritmo y el espirítu de la ciudad se recuperaron bastante rápido después del duelo -el funeral de una década de fiesta- y me permitieron ver una Miami que estaba otra vez viviendo su vida y ejerciendo su mandato genético de tener una fe inquebrantable en el futuro.

Pueden leer el blog -intermitente- de Hernán acá

Vale la pena.

Burbujas de cultura

Terminaron las clases. Entre exámenes recuperatorios, correcciones y grandes esperas, pude terminar de leer Burbujas de ocio. Nuevas formas de consumo cultural de Roberto Igarza.

Hoy en La Nación Victoria Pérez Zabala publicó “Ficciones al ataque“. El primer párrafo dice:

Sentado en su oficina, con la vista fija y concentrada en la pantalla de su computadora, José parece trabajar. En realidad, se tomó cinco minutos para disfrutar del último capítulo de su serie web preferida. Ya no tiene que contar los segundos hasta llegar a su casa y encender el televisor; ahora, la ficción le llega a través de Internet.

Roberto Igarza diría que José está sumergido de lleno en la Sociedad del Ocio Intersticial:

La situación actual está cada vez más dominada por actividades intermitentes de comunicación interpersonal y de entretenimiento. El ocio se escurre entre bloques productivos, en los espacios de espera, en el desplazamiento entre cuatro estaciones de tren. El ocio se ha vuelto intersticial. (…) El ámbito laboral está repleto de pequeñas interrupciones, muchas de ellas evitables, producto de las interrupciones incensantes de mensajes y de intercambios breves. (p.12).

El consumo cultural es móvil. Los breves intercambios se deben según Igarza a varios factores. Para ser breves,  podríamos resumir esas condiciones en:

  1. Espaciales: al ser sujetos hiperurbanos pasamos perdemos mucho tiempo en desplazamientos
  2. Inálambricos: las redes de telefonía celular 3G y las redes gratuitas de Wi-Fi atraviesan toda la ciudad.
  3. Tecnológicos: los dispositivos móviles se han vuelto accesibles. Los celulares con conexión a internet son cada día más económicos.
  4. Pantallas sociales: tenemos pantallas en nuestros bolsillos, pero también en los colectivos y trenes.
  5. Microcontenidos

Es el quinto punto el más interesante. Veamos qué dice Igarza:

Los microgéneros se ajustan a la lectura y a la escritura digital. Es dificl encontrar una solución adaptativa de mejor rendimiento fruicional. Se confabulan género, formato y soporte para encerrar al usuario durante la brevedad. (p.171)

Uno de los productores entrevistados por Pérez Zabala, lo dijo bien bien claro:

“explica Diego Villanueva, autor de la popular comedia para Internet  El Vagoneta , “los cinco minutos que duran los capítulos están pensados estratégicamente para que uno pueda prestarles atención mientras envía un mail, chusmea en su Facebook o se baja música. Te divertís durante ese tiempo mientras laburás”.

Les dejo un capítulo Amanda O, uno de los microprogramas que hicieron escuela:

Terminamos acá, el post tiene que ser breve. Tenemos que seguir con la tendencia de la pildorización de contenidos (diría el Profesor Igarza).

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