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Karl y nuestra época

En esta gran épocaLa gran-pequeña editorial Libros del Zorzal publicó En esta gran época de Karl Kraus. En la contratapa del volumen se lee:

Este volumen recoge algunos de los mejores textos con los que el inefable Karl Kraus registró desde su revista La antorcha el siniestro proceso por el cual la Primera Guerra Mundial llegó a ser un gran negocio técnico y cultural.

Kraus, un adelantado a su época. Un periodista lúcido, inteligente e irónico. Polémico como pocos y crítico de la prensa. Lamentablemente no hay mucho publicado en castellano. En esta gran época es una excelente oportunidad para descubrir su pensamiento. Desde principios del 1900 y en Austria, escribió:

La prensa no sólo se arroga la pretensión de que sus noticias sobre los acontecimientos son los verdaderos acontecimientos, sino que concreta esa siniestra identidad, gracias a la cual se tiene la sensación de que se informa sobre los hechos antes de que estos se llevan a cabo, y a menudo hace concreta la posibilidad -o en todo caso, las circunstancias- de que los corresponsales de guerra no puedan ser espectadores, por supuesto, pero los combatientes se vuelven corresponsales.

La prensa no fue su único objeto de crítica. En 1914 se animo:

La humanidad es clientela. Tras las banderas y las llamas, tras los héroes y los ayudantes, detrás de todas las patrias se ha eregido un altar ante el cual cruza sus manos la devota ciencia: ¡Dios creó al consumidor! Pero Dios no creó al consumidor para que prosperara en la Tierra, sino para algo superiorÑ para que prosperara el comerciante en la Tierra, porque el consumidor fue creado desnudo y recién se volvió comerciante cuando vendió la ropa.

Interesante, ¿no?

Aire nuevo

Llegó el domingo. Llegaron los diarios. Llegó El País. No llama la atención econtrarse con lecturas refrescantes e interesantes. Acá dejo dos que me gustaron.

    El autor debate sobre el futuro de los diarios impresas en vegetal:

    Lo esencial es que el ciudadano quiere obtener información, y para satisfacer esa necesidad está avanzando rápido hacia un concepto que acuñó Martini en la publicidad. El consumidor de información quiere saber qué está pasando donde esté y a la hora que esté, y quiere que esa información se la sirva alguien de quien se fía, normalmente un periódico, que es su referencia.
    (…)
    El periódico en papel va a seguir existiendo. Probablemente venda menos, pero seguirá siendo un producto atractivo para una parte muy relevante de la sociedad, con elevado nivel cultural y alto poder adquisitivo. Será, por tanto, una joya para los anunciantes, y si hay ingresos, hay negocio.

    La otra nota que me cautivo la firmó Javier Marías en la última página de la revista El País Semanal. En “Que no me entero“, Marías critica a los redactores de su propio diario. Insólito: usa su columna para hablar pestes de sus colegas del mismo diario. Dice:

    En los últimos tiempos encuentro cada vez más motivos de preocupación: de tendencia, de estilo, de contenido, de foco o atención.
    (…)
    Nunca me había sucedido lo que me sucede a menudo últimamente: leo una información intentando enterarme de lo que ocurre en un lugar determinado, o de cómo está la situación de tal conflicto, o de cuáles van a ser los problemas del libro cuando se generalicen el e-book y similares, o de qué va a pasar con la fosa de García Lorca, y no lo consigo. En el mejor de los casos, me quedo como estaba, y en el peor, han aumentado mi ignorancia y mi confusión.

    Me parecen dos piezas de excelente calidad. No se las pierdan.

     

    FIN

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    La ciudad vista

    Ciudad vista de Sarlo

    Ciudad vista de Sarlo

    Wow. Lo terminé. Qué bueno. Qué felicidad. Acabo de leer un gran gran libro: La ciudad vista de la genial Beatriz Sarlo.

    Vamos por partes. La contratapa del libro dice:

    A lo largo de varios años, Beatriz Sarlo recorrió la ciudad tomando fotos de aquellos lugares y personas que revelaban una mutación significativa en la vida urbana. A partir de esas imágenes, La ciudad vista muestra el Buenos Aires que fue configurándose en las últimas décadas sobre el fondo de las transformaciones que marcaron el país. Las estampas son diversas, elocuentes, y van trazando un itinerario personal y atípico del Buenos Aires actual: la feria boliviana de Liniers y las fiestas de San Cayetano, el santuario de la Virgen de Copacabana en el Barrio Charrúa, los paseantes de fin de semana en Parque Avellaneda, tos bares y las vidrieras de Palermo, los vendedores de San Telmo, los cursos de idiomas y las casas de culto en Koreatown, las construcciones de Puerto Madero.

    La ciudad real, dice la autora, está atravesada por el desorden y la imperfección: por ella circulan las mercancías, en la superficie impecable del shopping y en los puestos ambulantes en la calle; los migrantes, hoy bolivianos, peruanos o coreanos, como antes italianos o españoles; los nuevos pobres arrastrados por una crisis que se agudizó a partir de los noventa, los turistas extranjeros a la caza de lo pintoresco. Pero Sarlo busca también las ciudades imaginadas, representaciones de la ciudad real, recortes arbitrarios o sueños urbanos, y las encuentra en la literatura de Borges, de Arlt y de los que escriben ya en el siglo XXI, en las obras de arte, en las guías turísticas, en la cíber-ciudad que ofrece la tecnología digital.

    Del conjunto surge una versión de Buenos Aires que, sin celebrar ni lamentar nada, dialoga con la mirada de sus habitantes, de las crónicas rojas, de los poetas, narradores y artistas. Este ensayo lúcido y original confirma a Beatriz Sarto en la mejor tradición de la critica cultural, ese espacio en el que pueden pensarse las vías que elige transitar una sociedad.

    La sensación que me quedó es que leí un gran libro. Brillante. Un ensayo que te cambia la forma de recorrer  y  de ver Buenos Aires. Todas las buenos aires están en la reflexión de Sarlo. Es para leer. Y pensar: ¿cómo nos apropiamos de la ciudad?

    El logotipo no es la ciudad, como el logotipo de Nike no son las zapatillas ni el de Wilson las raquetas. El logotipo es la síntesis de las referencias reales e imaginarias que se depositan sobre el nombre de la ciudad como espacio turístico, entre las que se elige alguna no simplemente por su significación o su belleza sino por su celebridad (y si esa celebridad no existe, se la produce). Semiosis pura, el logotipo permite, como el signo, identificar y diferencias (…) Antes del Obelisco, Buenos Aires no podía tener logotipo, no sólo porque aún no existía…

    Para terminar con otra cita del libro.

    La ciudad criolla fue de barro; la ciudad moderna de ladrillo cocido y cemento, la ciudad tugurizada es de chapa.

    La ciudad tugurizada del siglo XXI

    Fuente: www.buenosairespt.org.ar

    FIN.

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