
Un viaje es una oportunidad para leer, sobre todo si el viaje es en un camarote. En el símbolo de la modernidad terminé de leer Tiempos hipermodernos de Gilles Lipovetsky.
Tiempos hipermodernos está divido en tres partes.”El individualismo paradójico. Introducción al pensamiento de Gilles Lipovetsky” de Sébastien Charles es un recorrido por la obra del filósofo francés. La segunda parte del volumen es EL ensayo “Tiempos hipermodernos” de Lipovestky. Ahora lo vemos más en detalle. Una entrevista a Lipovetsky cierra el volumen. Allí habla del 68, de su vida de universitario y otras yerbas.
¿Tiempos hipermodernos? ¿Qué es el hipermodernismo? En principio es una forma menos polémica de hablar de la posmodernidad. El prefijo pos le resulta incomodo al francés:
El “pos” de lo posmoderno tenía los ojos puestos todavía en lo que quedaba atrás y se había declarado muerto, permitía pensar en una desaparición sin conretar en qué íbamos a convertirnos, como si tratara de conservar una libertad nuevamente conquistada a impulsos de la disolución de los encuadramientos sociales, políticos e ideológicos. (p. 55)
Entonces, ¿cómo caracterizamos nuestra época?
Lejos de haber muerto la modernidad, asistimos a su culminación, que se concreta en el liberalismo universal en la comercialización casi general de los modos de vida, en la explotación “hasta la muerte” de la razón instrumental, en una individualización vertiginosa. (p.56)
A esta altura, aparece el consumo. El consumismo, uno de los temas que se repiten en el pensamiento del autor. Aquí se me ocurre que podemos hacer un salto a un texto de Bauman: La vida de consumo. Todo es objeto de consumo: nuestra vida, nuestro empleo y hasta nuestra memoria. Veamos qué dice el autor de La era del vacío:
En la sociedad ultramoderna, el modelo de mercado y sus criterios operativos se han filtrado hasta la salvaguardia de la herencia. Emblema de la vanguardia del capitalismo cultural y de la comercialización de la cultura, la valoración del pasao es más un fenómeno hipermoderno que posmoderno. En el momento de la industria de la herencia, el ciudadano cede el paso al homo consomator. (p. 92)
Los lectores de García Canclini estarán sorprendido por la cita implicita al argentino: el ciudadano le abre la puerta al consumidor. Para GC, somos consumidores-ciudadanos. Todas nuestras relaciones sociales, diría García Canclini, están tamizadas por el mercado. A este análisis Lipovetsky le suma la moda:
Mientras el principio-moda “todo lo nuevo es bello” se impone como amo y señor, la neofilia se afirma como pasión cotidiana y general. (p. 63).
Otro punto de encuentro con Bauman, es el miedo. Bauman, diría Miedo líquido, el francés dice:
Con la precarización del empleo y el paro insistente aumantan la sensación de vulnerabilidad, la inseguridad profesional y material, el miedo a la devaluación de los títulos, a las actividades no especializadas, a la degradación social. (…) lo que caracteriza el espíritu de la época no es tanto un carpe diem como la inquietud ante un porvenir lleno de inquietudes y riesgos. (…) La fiebre de consumista de satisfacciones inmediatas y las aspiraciones lúdico-hedonistas no han desaparecido en absoluto, por el contrario, son más desenfrenadas que nunca, pero están envueltas en un halo de temores e inquietudes. (p. 74)
¿Cuáles son las consecuencias de esta época? ¿Qué produce?
La espada de Damocles del paro obliga a los estudiantes a optar por formaciones largas, a embarcarse en una carrera de títulos, que se consideran un seguro contra el porvenir. (p.75).
El texto de Lipovetsky es rápido como el tiempo hipermoderno. Es ágil. Es sencillo, pero profundo.
FIN
